martes, 28 de febrero de 2017

5 consejos asombrosos para mejorar en el estudio



¡No te guardes los problemas! Como te encuentres influye en tu rendimiento académico. Busca una persona de confianza con quien puedas desahogarte y recibir un buen consejo. Siempre hay alguien, un padre, una madre, un hermano, un profesor, etc., que estará dispuesto a escucharte sin juzgarte y ayudarte a superar lo que te pasa.
Dormir lo suficiente y bien. Hasta hace poco tiempo, cuando un alumno me decía que estaba cansado, creía que era una simple escusa para no ponerse a estudiar. Actualmente, creo que en muchos casos los estudiantes realmente se encuentran cansados por no dormir el tiempo suficiente. El «nativo digital» duerme poco y mal. La falta de sueño se convierte en un factor que impide el aprendizaje adecuado. Muchos de ellos tienen que recurrir a las bebidas energéticas para mantenerse despiertos y rendir adecuadamente. Dichas bebidas, o el café, pueden ser una ayuda ocasional pero la realidad es que una rutina de sueño es la mejor solución.
Es absolutamente esencial descansar de manera adecuada para poder rendir bien. Para ello tienes que respetar tus horarios de descanso, planificados con anterioridad. El estudiante tiene que acostarse todos los días a la misma hora y a ser posible entre las 10 y las 11 (alumnos de secundaria) y entre las 11 y las 12 de la noche los universitarios. Y levantarse entre las 7 y las 8 de la mañana. Bajo ningún concepto el alumno universitario dormirá más de ocho horas. Para aquellos alumnos que se sientan cansados, es aconsejable una pequeña siesta, no más de treinta minutos. Si duermes bien, tus horas de estudio serán más productivas porque la información se consolidará de forma adecuada en tu memoria y recordarás mejor y con más facilidad.
Regularidad en las comidas y alimentación adecuada. El alumno que va a pasar muchas horas sentado, corre el riesgo de que el exceso de sedentarismo y la falta de ejercicio genere algún aumento de peso no deseado. No soy partidario de hacer dietas en la preparación de exámenes, pero sí de cuidar y vigilar la alimentación. Hay que garantizar que el cerebro reciba los nutrientes necesarios para que funcione adecuadamente. El azúcar es necesario para la memoria, pero hay que evitar sobre todo las grasas y la bollería industrial. Tampoco es bueno abusar del café o bebidas energéticas; más de tres tazas diarias no son recomendables. Para el estudiante es aconsejable la ingesta de minerales como el fósforo y el magnesio, y las vitaminas A y D (frutos secos, leche, yogures, cereales integrales, chocolate, etc).
No a la música durante el estudio. Como hemos dicho anteriormente, la mayoría de los expertos recomiendan estudiar sin música, por la sencilla razón de que distrae y nos perjudica al tratar de poner atención en el estudio. Siendo esto una realidad, ¿por qué encontramos cada día más alumnos estudiando con música y convencidos de que les beneficia?
La música es para el estudiante una fuente de motivación. La música activa las áreas del placer, del estado de ánimo y del control del estrés. Por ese motivo a los estudiantes que estudian con música les parece menos aburrido o monótono el estudio. Otro motivo es el simple condicionamiento operante: han tenido éxito en algunos exámenes estudiando con música y eso les condiciona para creer que es beneficioso para ellos. Lo que ignoran es que podrían haber tenido mejores resultados sin la música.
No obstante, si se estudia con música, no vale cualquier tipo; al menos hay que saber elegir. Hay que escuchar una música tranquila, relajante y armoniosa, exclusivamente música clásica o instrumental. No nos engañemos: la música con letra puede hacernos recordar emociones y situaciones vividas (distracción) o tatarear la letra con el cantante. Al utilizar música instrumental, lo ideal es crearnos una lista de reproducción con una duración de dos horas, para evitar tener que seleccionar constantemente y así distraernos.
Revisa los pensamientos negativos. Estos pensamientos se refieren a los que surjan en relación con tu estudio. ¿Cuáles son tus excusas para no estudiar?

·      No estudio porque el profesor me tiene manía
·      No estudio porque no sirve para nada
·      Nunca conseguiré entender esta asignatura
·      Tengo mala suerte
·      Soy muy mal estudiante
·      Siempre he suspendido esta asignatura
·      Soy un negado para los idiomas
·      Nunca se me dieron bien las matemáticas
·      Es imposible aprobar el curso con todas las asignaturas que tengo por recuperar

¿Qué podemos hacer con esos pensamientos? Revisarlos y cambiarlos por otros más positivos. Veamos un ejemplo:

Escogemos un pensamiento negativo: «Estoy perdiendo los mejores años de mi vida estudiando».
Reescribamos el pensamiento y analicémoslo: lo que en realidad nos asusta no es «perder» cinco o siete años de nuestra juventud, sino el perderlos para nada. Nos asusta perder la juventud en pos de un premio incierto.
Nuestro monstruo es el miedo a la incertidumbre. Pero en realidad llega un momento en la vida en el que hay que tomar decisiones valientes y enfrentarse a la realidad. Es importante estudiar una carrera universitaria. Como dijo en una ocasión el presidente de Estados Unidos, Barak Obama: «My education, my future».

En realidad, todos los caminos de la vida son inciertos. No es que estés eligiendo la única opción con incertidumbre en un mundo de opciones ciertas. Al contrario, estás escogiendo incertidumbre presente, pero no más que cualquier otra, para conseguir –por ejemplo– un puesto fijo o trabajar en aquello que realmente te gusta. Por último, conviene recordar un hecho indiscutible: que la tasa de paro entre titulados universitarios ha sido siempre la mitad que en la población no universitaria.

Francisco Javier Arroyo Ortega
Psicólogo escolar
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